¿DE QUÉ VA TODO ESTO?

Tras años mandando batallas a mis familiares y/o amigos, tras miles de intentos por mi parte de tener un sitio donde compartir mi humor corrosivo y ácido sin obtener frutos, tras rogar, pedir por las buenas, pedir por las malas, llorar y hacer todo lo que se me ha ocurrido... por fin he conseguido tener un blog! Preparaos...

ENSALADA DE CEREALES

Ayer por la tarde redescubrí, nuevamente, lo burro que puede ser mi chico cuando le da el hambre. Conste que no me quejo, yo también soy de atracones, pero lo de Luisete es de traca.
Estaba yo aprendiendo a manejar el nuevo aparato de tortura que me compré, superada ya la tecnología de APPLE, cuando viene por detrás y me dice: "Mamá, tengo hambre!". Lo he dicho muchas veces, no puedo soportar que me digan eso. Pero ni mis niños ni nadie, inmediatamente se me alinean las neuronas y busco en mi maleta (digo bolso) o en el coche, o miro alrededor buscando el Corte Inglés... pero no, ayer tenía yo los astros en otra cosa, que consiste en que he bloqueado la puñetera tablet y no sé cómo desbloquearla.
Sigo. "Vete a la cocina y coges un quesito, que en media hora cenamos, vale?". Y mi cabeza hizo un "corto y cierro". Allá que seguí yo vigilando con un ojo a Jaimito, jugando con él con el brazo izquierdo porque el derecho lo manejo mejor para teclear y eso... oigo ruidos en la cocina que son automáticamente registrados por mi subconsciente como los ruidos normales de una cocina normal. Sólo que claro, la mía no es una cocina normal, siempre me olvido! Oigo la nevera que se abre y al cabo de un poco se cierra, oigo una silla arrastrarse, oigo armarios, oigo cubiertos en el cajón... mi mayor tiene seis añazos, así que confío en él, va adquiriendo sentido común. Pues yo con mi diestra sigo intentando desbloquear esta nueva maravilla de la informática... platos, cuchara... "mamá, me alcanzas los cereales?". "Cógelos tú, anda, que ya eres mayorcito...". Lo cierto es que en mi casa los cereales están encima de la nevera de dos metros, así que pensé: "no llega, que se espere un rato y así cena, hay que ser ordenado". Y nuevamente me desconecté.
Ah! Ya sé! No puedo evitarlo! Les subestimo una y otra vez... pero es que hace dos días estaban en mis brazos y no sabían ni podían hacer nada por si mismos! Si aún les tengo que limpiar! Bueno, a Luisete le tengo que "rebañar", porque ya se limpia solito...
Bueno, pues como dejó de protestar, mi alarma de madre "algo está haciendo" empiezó a sonar.
Me levanto, dejo la tableta por no tirarla por la ventana y voy para la cocina.
Este va para chef. De eso no cabe duda. Dicen que se parece a mi, pero no, tiene por ahí metidos eslabones de su padre en el ADN, y lo de cocinar le va. Y cómo le va.
Tenemos una ensaladera del tamaño de una palangana, de verdad, no exagero, porque cuando nosotros hacemos algo lo hacemos bien, así que si hay que preparar ensalada, tenemos los boles para las ensaladas individuales, los boles para las ensaladas para dos, y la palangana, para la ensalada de familia numerosa que además ha invitado a comer a Bigfoot, a Shrek y a todas las pirañas del Amazonas. Vamos, que es grandecita.
Pues allí estaba mi proyecto de hombre, con su sonrisa desdentada, mirándome todo orgulloso! "Mamá, ya me he preparado el postre, porque luego se me olvida y quiero cereales".
La palangana llena hasta las trancas con toda la leche que había en la nevera, fresca, claro... el colacao esparcido por encima de toda la mesa, y más de la mitad del bote mezclado con la leche... los cereales... esos los había bajado de lo alto de la nevera, las cuatro cajas, y los había tirado por el suelo, dentro de la palangana, y algunos resistían dentro de las cajas, esperando a ver qué les ocurría. Cómo bajó los cereales? No sé, si los egipcios pudieron construir las pirámides Luisete pudo coger los cereales. Y también pudieron ayudarles extraterrestres, total, tal y como estaba la cocina ni Grisom separaría las huellas humanas de las alienígenas...
Qué haces con estas cartas? Bueno, pues yo me armé de la felicidad de ser madre, del orgullo que se siente de tener un hijo tan capaz, y le dije: "Ahora, te vas a comer lo que te has preparado, pero primero cenas!".
Y nuevamente volví a subestimarle. Se tomó su tortilla de dos huevos con queso preparada rápidamente, se tomó el zumo de naranja, y cogió el barreño, el cucharón de servir sopa, y se fue para el salón, a tomar el postre delante de la tele.
Que si se lo comió todo? No, hombre, ganas me dieron, pero no soy tan bestia. Le saqué a Jaime un vaso de leche con chocolate, porque aquello no era un colacao, era ya un chocolate, saqué otro vaso para mi, y le dejé que se pegase un atracón de Kellogs, Chococrispis, Frosties y todo lo que se le ocurrió echar. Y cuando ya casi había terminado con la ensalada aquella va y me dice: "mamá, me puedo dejar este poquito? Es que luego me va a doler la tripa y no quiero!".

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