¿DE QUÉ VA TODO ESTO?

Tras años mandando batallas a mis familiares y/o amigos, tras miles de intentos por mi parte de tener un sitio donde compartir mi humor corrosivo y ácido sin obtener frutos, tras rogar, pedir por las buenas, pedir por las malas, llorar y hacer todo lo que se me ha ocurrido... por fin he conseguido tener un blog! Preparaos...

RETIRANDO EL ESPEJO

Bueno, pues por aquello de no ser menos que el albañil de Pontevedra y en siendo yo pontevedresa, voy a contar la odisea que sufrí en un arrebato fraternal para mejorar la casa de verano de mis padres.
Acabando de nacer Luisete, allá que nos fuimos para Cádiz, a pasar unas semanitas al aire libre respirando mar y playa gaditana.
Hay en la casita de mis padres un baño en el piso de abajo, el cual es de uso habitual durante el día. En dicho baño, y encima del lavabo se hallaba un espejo, no muy afortunado en sus dimensiones y cascado en una de las esquinas. Había sido colocado allí meses anteriores por encargo de mi madre. En mi difusa memoria sólo encuentro que no nos gustaba a nadie, o eso quiero creer, y lo queríamos quitar. Llevaría mi madre sugiriéndoselo amablemente a mi padre unos cuantos días que lo quitase, y este, por lo que quiera que fuese, no había encontrado el momento de retirar el ornamento para sustituirlo. Y he te aquí, que en esta tesitura y a la hora de la siesta de Cádiz, a Leticia se le ocurre dar una agradable sorpresa al personal que tranquilamente reposaba tras una opulenta comida. Mi madre debía estar terminando de recoger. Luisete dormido en su hamaquita, Luis en la habitación y mi padre en la suya. Bien, decidida a llevar a cabo mi cruzada, me fui al “harrypotter” (alacena debajo de la escalera), a coger una espátula. Mi madre me vería, pero no creo que se imaginase mis intenciones, supondría que iba a quitar pintura o algo así. Debo añadir para el que no lo sepa mi extraña pero cierta condición de Ingeniero de Caminos. Me dirigí al baño, armada con este instrumento, tras echar un vistazo a mi bebé, que dormiría plácidamente, y me dispuse a obrar. Observé el espejo desde las cuatro esquinas, intentando planificar el procedimiento. Ya recuerdo! Lo queríamos quitar no porque estuviera cascado por una esquina sino porque estaba pegado con pegamento haciendo eses y debido al uso de un producto erróneo, se veían las eses. Debo añadir que estaba pegado a conciencia, caerse, seguro que no se caía. Bien, sopesé las posibilidades, y elegí la zona que menos pegamento tenía, para introducir mi espátula y cuidadosamente hacer palanca. Era grande, pero más o menos apoyaba sobre el lavabo y lo podría manejar al despegarse. Entonces, al intentar meter la espátula, saltó un trocito de la esquina y se melló, porque era demasiado gruesa para el pequeño espacio que había entre la testa del espejo y la pared. Repito que estaba muy bien pegado. Me asaltó la vena terca, y me ofusqué pensando que un espejo no iba a vencerme así tan fácilmente y a la primera. Necesitaba algo más fino, y a poder ser, más alargado, para cortar el pegamento y despegarlo bien. Se me encendió entonces una luz y sonreí plácidamente: El Cuchillo Jamonero! Allá me fui para la cocina, vacía en ese momento porque mi madre había salido a tomarse el café al patio mientras se secaba el suelo. Entré de puntillas, por no ser regañada al pisar el humedal, abrí sigilosamente el cajón, no fuese a despertar a alguno y estropear mi sorpresa. Armada de nuevo con esta espada, me dirijo al baño. Cierro la puerta, y me dispongo de nuevo a actuar. Elijo la otra esquina de arriba, no fuese a ser que me cortase con mi obra anterior… Meto la punta del cuchillo hábilmente, y un poco más. Intento, con una ligerísima presión meter más el cuchillo, para llegar a las eses de pegamento, y casi lo consigo, pero no podía cortarlo. Lo intenté durante unos segundos, pero como no lograba éxito, me enfadé y apareció mi vena obsesiva: Este espejo lo quito yo como sea! Entonces, agarré el cuchillo con las dos manos, para poder hacer bien la palanca, y por si no era suficiente mi fuerza y harta ya de pelear con el puto espejo, puse un pie en la pared para afianzarme más. Debo decir que alguna luz de emergencia comenzaba a aparecer en mi subconsciente, pero no le hice ni puñetero caso, cabreada como estaba… tiré entonces con todas mis fuerzas de la empuñadura y… PUM! Qué decir! Aquello estalló como una bomba, tal fue el “pedo” que pegó. Y allí me quedé yo blanca, como la leche, con cristales por todos mis ropajes, pelo, zapatos… la mierda del cristal se hizo añicos, pero “amiliñicos”, diría yo! Pero qué gilipollez acababa de hacer!? Estando entonces no lo suficientemente cabreada conmigo misma por la tremenda burrada que acababa de cometer, abre la puerta mi padre, más blanco aún que yo: “Pero se puede saber qué coño estás haciendo?!?”. Aparece Luis medio dormido: “Qué ha pasado, qué ha pasado?”. Miran la pared, con el pegamento en eses aún adherido pero libre ya del espejo maldito, miran al suelo con los mil trocitos esparcidos por doquier, me miran a mi, regada de partículas de cristal el indemne, y me ven, cómo no, con el cuchillo jamonero aún agarrado con las dos manos, y con una casa de susto que no os quiero ni contar. Después nos entró un ataque de risa, tras el cual tuve que tragarme el sermón de padre y marido, y creo que hasta se santiguaban, diciendo algo así como “es como un huevo kínder, todo el puto día con sorpresas…”

2 comentarios:

  1. Devore el relato del espejo, dotes de Quevedo y Genio de Da Vinci. No deja de sorprender la vivacidad que destella ese cerebro tan sincronizado de una mano ambos quasi divinos. Manuel Moral.

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  2. Lo primero que he hecho esta mañana dominguera ha sido leer tu historia, aún en la cama y con mucho interés para haber cómo acababa y porque tengo un espejo de Ikea de tipo mosaico de más de un metro de alto pegadísimo a una madera sellada en el muro. Así que se quedará ahí para hacer historia e irá con el lote cuando vendamos la casa.
    He descubierto una cosa más de ti y confirmado otra: no eres supersticiosa y eres muy tozuda, pero lo segundo lo sabía ya por tus tuits..
    Me ha entretenido mucho.

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Por si me quieres poner a parir o decirme que te ha encantado, whatever, nunca se sabe.